Siento un ligero dolor en la parte baja de la espalda mientras observo un ramo de claveles marchitos a pocos metros de mí.
Comienzan a llegar varias personas. Atraviesan la reja armados con tobos, rastrillos, machetes y flores. Conversan y caminan como cumpliendo un ritual.
Giro mi rostro y me concentro en el piso junto a mis pies. La maleza controla todo el espacio que me rodea y el mármol tiene una espesa capa de polvo.
Hace meses que nadie me visita y al recordarlo siento una profunda amargura.
Si luego de mi relato usted me considera muy melancólico, póngase en mi lugar e imagine como se siente un muerto sin flores
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