¡A mañana bonita pa`
morise!, exclamó Pacífico Marval, y es que el cielo ta azulito, ni una nube se
ve por to eso.
Frente a su casa
marchaban dos entierros. La mañana anterior habían encontrado al viejo Camejo
tendido en el piso del baño y con la ducha abierta. El olor del jabón le causó
un ataque de asma y la costumbre de cerrar la puerta con llave lo mató.
No sabía Marval de
quien era el otro difunto, así que se levantó uniéndose al cortejo sin saludar
a nadie.
Así fueron caminando las tres cuadras que faltaban para llegar al
cementerio. En el camino se unió un borracho tocando un pasaje tristón con un cuatro viejo.
Mientras el enterrador terminaba de cubrir las fosas y los dolientes se
retiraban, se acercó a leer las lápidas. En la primera estaba el nombre del viejo Camejo y en la siguiente luego de ver las letras grandes y
negras, leyó en voz alta, aqui yace Pacífico Marval.
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