Rabia, no señor lo que el sentía no
podía definirse como una simple rabia. Sus venas estaban crispadas, el corazón
le latía a una velocidad incontrolable, aquello no era solamente rabia.
Lo más terrible era que no podía
desahogarse, le aterraba lo que podría pasar si soltaba todas las fieras que
encerraba su alma, le desesperaba el hecho de no conocer los límites de su ira,
así como sus consecuencias.
Momentos después cesaron los gritos y
por fin sintió la calma y la paz que tanto anhelaba. Su cuerpo yacía con la
mirada vacía y la gente se detenía a observarlo.
Y lo más absurdo es que en el informe
médico, la causa de su muerte fue registrada como un paro cardíaco provocado
por una vulgar rabia.
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