Estaba sentado, me limitaba a respirar. Únicamente quería estar
inmóvil, pero por mi mente no dejaban de pasar mis problemas y preocupaciones. Traté
de dormir un poco, en instantes empecé a sentir una ansiedad tremenda y terminé
por levantarme de la cama. Luego de dar unos pasos, tomé la toalla y me dejé
caer sobre la silla. No podía dejar de recordar ese rostro.
Unos días antes, mientras caminaba por la calle
entre una multitud. Pude ver a una muchacha, que sin ser hermosa tenía en su
mirada algo que ningún mortal podría descifrar. Acababan de atropellar a un
hombre, los forenses levantaban el cadáver para meterlo en la furgoneta y ella
estaba mirando fijamente el cuerpo, una leve sonrisa le atravesaba el rostro.
Estaba impresionantemente tranquila (he visto monjes tibetanos más inquietos
cuando meditan) y en un pestañeo desapareció.
Decidí
levantarme, tomé un baño y salí, mientras esperaba el autobús sentí una punzada
el pecho.
Entonces
pude verme tirado en el asfalto y al voltear hacia mi derecha, junto a mi estaba
aquella muchacha que, aunque no era hermosa tenía en su mirada algo que
ningún mortal podrá descifrar

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