Lo recuerdo asi, sentado en
la talanquera con la mirada fija en las aguas de la laguna grande, los codos
apoyados sobre las piernas y las manos entrelazadas. Mientras el sol del
atardecer lo baña de pies a cabeza.
La luz es tan intensa que sólo puedo
distinguir su silueta. Extrañamente no tiene puesto su sombrero.
No veo su
rostro pero sé que está sonriendo.
Esa es la imagen que siempre tengo del abuelo. Reflexivo, rodeado por la tierra que le dio el sustento a
él y a sus hijos, transmitiendo una cálida sensación de paz.
Y siempre en esos momentos, termino compartiendo su sonrisa.
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