Historias de amor
se han escrito y leído muchas, pero puedo
asegurarles que el amor que aquel muchacho de ojos grandes compartía con
aquella joven de manos pequeñas era (es y será) un amor distinto. Un día, los ojos
grandes del muchacho miraron las pequeñas manos de la joven y por
una de las maravillas del tiempo, esas manos quisieron (quieren y
querrán) acariciar el rostro del muchacho.
Hasta hoy continúan acompañándose, de tal manera que uno es capaz de llorar por los ojos del
otro, así como reír en los labios del otro.
Si alguien duda de
la veracidad de estas líneas, sepa que el convencerlo de lo contrario no fue
(ni es ni será) la intención de mi relato.
Comentarios
Publicar un comentario