Me morí un veinte de marzo.
Recuerdo
que era una de esas noches con mucha brisa, sin embargo tenía un calor terrible. Al parecer, la brisa daba vuelta a la derecha justo en la esquina antes de llegar a mi casa.
Aquella noche la
luna usaba un vestido amarillo canario y me hacía muecas desde un cielo
despejado y sin estrellas.
Salí a comprar
cigarrillos y sentí las piernas pesadas, desde la mañana, me sentía sin
fuerzas, seguí caminando mientras arrastraba los pies cuando todo empezó a dar
vueltas.
Caí al piso y pude ver como la luna con cara
traviesa me sacaba la lengua.
Todo se oscureció de repente y luego desperté
sentado en el borde de la acera, preguntando, con las manos sobre mi cabeza, ¿Porque tuve que morir un veinte de marzo?
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