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SIMAL

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Alcides

 (al compa de los Trobos) En la mano izquierda lleva una muleta y la pequeña corneta con el micrófono colgando de un cable,  con la derecha se apoya en la otra muleta.  Se aleja cómo puede de los policías que persiguen al grupo de carajitos que minutos atrás lo escuchaban, arengando a los estudiantes de  Casanay contra el sistema y sus opresores. Aún sin saber cómo, termina montado en un muro lanzando todo lo que llevaba al patio de una casa, para luego caer dentro con su maltrecho cuerpo, sobre un lecho de hojas de mango. Cuando logra levantarse, apoyado en las viejas muletas , se tropieza con los ojos asustados de una vieja delgada que se mecía lentamente en una silla de mimbre.  La mujer le hace señas para que esconda la corneta detrás de una puerta destartalada. Luego de obedecerla y siempre en silencio, se sienta en un tronco a esperar que su respiración se normalice. Le duelen  las manos y la espalda por el esfuerzo.  Cuando logra calmarse, besa ...

La Visita

 Sentado detrás del volante, con la espalda apoyada en la puerta, se afeitaba mirando el espejo retrovisor.  Golpea la afeitadora contra el espejo luego de pasarla por su rostro, manteniendo una expresión muy seria, como si cumpliese una ceremonia solemne. Con sus setenta años, ve en el espejo su incipiente barba gris y las profundas arrugas en la frente de su rostro redondo. Al terminar su tarea, guarda la afeitadora en la guantera, enciende el carro y lentamente comienza a avanzar hacia las afueras de la ciudad. El resto de los carros va mucho más rápido que él y luego de varios gritos e insultos de los otros choferes decide pasar al hombrillo de la carretera.  Sin inmutarse, jamás lo vi molesto al manejar, enciende el radio y deja sonar la primera emisora que logra sintonizar.  La vieja camioneta va serena, como si conociese el camino de memoria.  Al llegar a un cruce en la vía , se desvia por un camino de tierra hasta detenerse en un portón de alambre de púa...

Nocturna

 Lo despertó el dolor punzante en el pecho y cuando movió la cabeza, el techo empezó a girar vertiginosamente como un gran caleidoscopio.  Logró mantener la calma y trató de respirar a intervalos fijos y cortos,  hasta que el techo se detuvo. Aún con el dolor, se levantó y caminó hasta el balcón.  En la oscuridad, las ventanas le  recordaban un cuadro de aquel pintor holandés.  Se esforzó por recordar el nombre, sin éxito. Casi era posible escuchar el rumor del agua del río, que estaba a pocos metros y la luna bañaba como un faro los árboles de la ribera, completamente quietos en ausencia de ruido alguno. Estaba absorto en el paisaje, con las manos apoyadas en la pared, cuando la opresión en el pecho lo devolvió a la realidad. El sudor le pegaba la camisa a la espalda. Apoyó con más fuerza las manos en el muro y vino a su mente la imagen de aquella posada en la playa, junto a la carretera.  Sonrió al recordar que había estado junto a ella recogiendo on...

GILCEDES

                                 Asalto El sonido de un sólo repique del teléfono nos despertó a todos. De inmediato empezamos a romper los papeles que pudiesen comprometernos. El plan era quemarlos, pero en medio del apuro y los nervios terminamos lanzándolos por la ventana del baño. El vecino del piso de abajo comenzó a golpear el techo alertándonos de que ya estaban muy cerca. Mientras tanto seguíamos rompiendo y botando papeles frenéticamente. Tumbaron la puerta del apartamento y minutos después estábamos tendidos en el piso, mientras nos apuntaban con sus armas. ¡Somos estudiantes, esto es un atropello!, gritaba el Flaco mientras nos hacían bajar a empujones por las escaleras. Ella iba delante de mí, tan golpeada como el resto, porque ni siquiera respetaron su condición de mujer embarazada. Tres meses antes estábamos todos en la Textilera, ya la toma de la fábrica llevaba varias semanas y aunque al...

PACIENCIA

Las palabras salían tan atropelladamente de su boca que parecían tropezar unas con otras. Todos la miraban asombrados, no hacía pausas ni para tomar aire.  En pocos minutos, cualquier persona que estuviese cerca podría tener un completo resumen de su vida. Hace más de una hora hacia un recuento de sus innumerables desencuentros amorosos. Levantaba la voz y repetía cada cierto tiempo: - Por eso es que estoy mejor sola. Todos hacían la larga cola bajo el sol, resignados al calor y a la interminable cantaleta de la mujer. Si tienen un marido tienen que atenderlo, decía a viva voz, mientras sudaba sin parar.  Un hombre delgado de sombrero, cometió el error de pedirle que por favor se callara por lo menos unos minutos, sólo para que ella lo mirara con rabia y reanudara con más fuerza su discurso. La cola no avanzaba y el martilleo de la voz de la mujer parecía golpear mi frente sin parar. Comencé a pensar en irme para descansar, no tanto del  sol como del eco de cada palabra q...

KOONOPO

La fuerza del agua empujaba el carro mientras  él dudaba si quedarse dentro o salir y quedar merced del torrente  que a cada instante parecía crecer.  En medio de esa situación, se sorprendió recordando los días en que corría como un gato sobre los muros del patio con el flaco durante horas. Con un equilibrio envidiable, saltaba desde el tope del muro a la mata de Hicacos y de allí nuevamente a la pared.  Recordó la tarde en que la rama, en la que el flaco estaba  acostado boca arriba, se desprendió y lo vió caer varios metros hasta quedar acostado en el piso.  Aquella tarde, bajó de la mata riendo a carcajadas mientras el flaco lo insultaba sin entender que él no se burlaba, se reía atacado por los nervios, que  sólo le permitían reír mientras pensaba preocupado que el flaco se había quebrado la espalda.  Mientras estaba tendido en el suelo le gritaba molesto, ¡deja de reirte! ¡No me toques! .  Comenzó intentando mover los dedos de los pie...