Asalto
El sonido de un sólo repique del teléfono nos despertó a todos. De inmediato empezamos a romper los papeles que pudiesen comprometernos. El plan era quemarlos, pero en medio del apuro y los nervios terminamos lanzándolos por la ventana del baño.
El vecino del piso de abajo comenzó a golpear el techo alertándonos de que ya estaban muy cerca. Mientras tanto seguíamos rompiendo y botando papeles frenéticamente.
Tumbaron la puerta del apartamento y minutos después estábamos tendidos en el piso, mientras nos apuntaban con sus armas.
¡Somos estudiantes, esto es un atropello!, gritaba el Flaco mientras nos hacían bajar a empujones por las escaleras. Ella iba delante de mí, tan golpeada como el resto, porque ni siquiera respetaron su condición de mujer embarazada.
Tres meses antes estábamos todos en la Textilera, ya la toma de la fábrica llevaba varias semanas y aunque algunos mostraban síntomas de cansancio; en líneas generales la mayoría mantenía la moral en alto. Ella estaba sobre una mesa, con su cabello corto y ensortijado, junto a esos ojos grandes detrás de sus lentes redondos que ella misma llamaba los “John Lennon”. Arengaba a sus compañeros voz firme y decidida.
Mantuvimos la toma hasta que la policía entró por la fuerza.
Encierro
Soy José Chacín, estudiante de Agronomía y no tengo idea de que me habla, repetía por quinta vez sentado en una silla con las manos esposadas en la espalda y observando un uniforme militar y una pistola en una mesa frente a él.
Mira carajito, le dijeron, sabemos que estas metido en vainas. Acepta que esa ropa y esa pistola son tuyas.
Tomo aire una vez más para repetir por sexta vez, Soy José Chacín, estudiante de Agronomía y no tengo idea de que me habla. Necesito una llamada telefónica para avisar a mi familia que me tienen detenido sin razón.
Otra noche más en ese piso frío y sucio pensó, pero fue mucho peor porque en la madrugada dos hombres entraron a su celda a molerlo a palos y luego retirarse sin decir palabra alguna.
Así pasaron varios días, hasta que una mañana sin explicación alguna le entregaron su cartera y lo dejaron salir.
Muchos años después supo que gracias a que lograron deshacerse de todos los papeles a tiempo y a un amigo de su familia que vio cuando se lo llevaron, pudo salir antes que lo reventaran a golpes.
Salida
Sabía que debían esperar algunas semanas antes de intentar contactar al resto de sus compañeros, por lo que se mantuvo aislado durante un tiempo.
Al Flaco y a Ella también los habían soltado, pero ninguno conocía la suerte de los otros.
Esos días vieron en la prensa la noticia de la muerte de Jorge.
Tiempo después retomaron el contacto en los jardines de la universidad. Dudo que se tomaran fotografías en ese tiempo, por lo que debe ser anterior a esa fecha la foto que tengo ahora en mis manos. Están los tres subidos a un arbusto, Ella sonriendo mientras José y el Flaco ven directamente a la cámara.
Memoria
Treinta años después, estamos en el patio de la casa cantando las mismas canciones de esos años difíciles y hermosos. La guitarra la toca el niño que estaba en su vientre aquella noche en que nos llevaban a empujones por las escaleras.
Mientras todos cantamos miro su sonrisa intacta, la misma de siempre.
Tres muchachos tocan y cantan nuestras viejas canciones, mientras recuerdan al mismo tiempo y sin saberlo, aquella tarde en que corrían junto a Ella sobre las piedras a la orilla del mar, pensando que, aunque sólo saltaban sobre los escombros, el estar a su lado lo convertía en una gran aventura.
Levanto la mirada y veo las estrellas a través de un frondoso árbol de mango que nos cubre. Cierro los ojos y sigo cantando.
E. Katari
10/10/2021
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