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Mostrando entradas de 2013

Encierro

Era un lugar lo suficientemente lúgubre como para hacer difícil su descripción, una pequeña abertura era la entrada al cuartucho. Había toda clase de inmundicias regadas por el suelo, el techo estaba formado por varias vigas de madera que podían desplomarse en cualquier momento. Sobre ellas descansaban restos de palmas entre las que se observaba un cielo atiborrado de estrellas y se colaba un viento helado que calaba hasta los huesos. En una esquina se encontraban los restos de un fogón que estoy seguro no había sido encendido en mucho tiempo. Me llevó hasta allí un tipo    con un rostro muy acorde al paisaje.  Lo que me impresionaba era la tranquilidad que sentía en ese momento, no tenía temor alguno .  El hombre me condujo a empujones hasta el centro del rancho, estaba fuera de si y me golpeaba con todas sus fuerzas, pero yo no me inmutaba en lo absoluto y era entonces cuando la ronda de puñetazos y patadas se reanudaba con mayor ímpetu,  hasta que no ...

Horacio

¿Cuántas veces había visto salir el sol entre aquellas montañas? Siempre se repetía   el mismo espectáculo y sin embargo cada día tenía su magia. La luz bañaba las faldas de las montañas y calentaba lentamente su cuerpo rígido. Esperaba siempre aquel momento en el que se sentía parte del paisaje, perdido entre el verdor de los maizales.   Entonces valía la pena existir, ya no le molestaba el picoteo de los pájaros, ni que jugaran con su viejo sombrero. No todo era siempre perfecto, a veces amanecía nublado, y Horacio no podía presenciar su espectáculo. Eran días tristes y opacos, pero en algún momento se dejaba filtrar algún rayo de sol entre las nubes, regalando ráfagas de calor. Siempre que recuerdo a Horacio me asombra que sea más humano que muchos hombres, siendo un simple espantapájaros.

Laberinto

Es un pequeño pueblo cuyo nombre no se pronunciar y mucho menos me atrevo a escribir. En ese lugar sólo se respira paz, en las tardes se observan, arrodillados y coloreados por el ocaso, una fila de gigantes verdes que el hombre llama montañas. Desde allí, siempre se   puede disfrutar de la maravilla de observar a la “llamarada de Whithman” zambullirse en el océano. Un espacio donde no hay lugar para rencores inútiles, odios ni gritos. Donde el hombre no somete a nada ni a nadie a sus designios, cada elemento de este lugar, posea o no vida, se complementa con los demás, sin hacer daño a sus vecinos. Si existe este lugar en algún confín del universo, estoy casi seguro que el camino para llegar hasta allí   sólo puede encontrarse fuera de este laberinto que llamamos vida.

Remembranzas

Allí estaba, como todas las tardes después de las cinco, con la frente apoyada en las rejas y observando lo que sucedía en la calle.  Aquel día me sentía un poco más alegre que de costumbre y con la mirada fija en la vidriera de la tienda, sin pensar en nada concreto, dirigí la vista hacia un punto cualquiera y vi a un niño correteando junto a un perro.  Apareció una joven pareja, que agarrados de la mano sonreían y parecían flotar en lugar de caminar. Me alegre mucho al verlos, pero de inmediato me invadió tu recuerdo. Gire el rostro hacia mi mano pálida sin la tuya, maldiciendo mil veces mi estupidez y tu cobardía. Fue entonces cuando escuché el llanto desesperado de una mujer alta y demacrada que gritaba con las manos en la cabeza. Aquella mujer corría de un lado a otro, sin rumbo, empujada por una gran desesperación.  Luego de varios minutos se calmó y comenzó a caminar lentamente desde una esquina a la otra, como cumpliendo un ...

La Espera

Mi existencia se reduce a este pequeño espacio en el que debo permanecer por tiempo indefinido, esperando el momento adecuado para huir, pero mi confinamiento  se hace eterno y cada segundo transcurre con mayor lentitud que el anterior. Tanta es mi desesperación que estoy empezando a creer que el Padre Cronos está molesto conmigo y aprovecha la situación para hacerme una mala jugada. Aún estoy aquí y a pesar del ya incontable paso del tiempo, el cual dejé de percibir, sigo aguardando el momento de escabullirme, para escapar de mí mismo.