Tocó a mi puerta temprano en la
mañana, pasó encorvado sin levantar mirada y se sentó en la
primera silla que encontró en su camino.
Esperé unos minutos, mientras él no quitaba la mirada del piso.
Estoy triste con mayúsculas, sòlo quiero que escuches sin
hacer preguntas.
Habló durante horas, luego de innumerables tazas de café y a
medida que pasaba el tiempo, su espalda se fue enderezando, su
rostro se tornó menos gris e incluso sonrió un par de veces.
Al final de la mañana se levantó, me dio un fuerte abrazo y se fue.

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