Doña Amalia entró al consultorio de la mano de su nietecita. Se
sentó en la silla y el doctor empezó a revisarla.
Dígame por favor
las letras que están en la cuartilla, mire por favor el punto verde,
siga por favor el punto rojo.
La señora salió del consultorio con
la fórmula para sus lentes nuevos, sólo bastaba que fuera a la
óptica y en un par de días los tendría en sus manos.
Una semana después, doña Amalia llamó al doctor. Estaba histérica,
sus lentes no servían, había salido al patio y su vista se vio
invadida por muchos puntos negros que se movían por todas partes y
parecían querer abalanzarse sobre ella.
El doctor le pidió que
respirara profundo y volviera al consultorio al siguiente día.
Se sentó la anciana nuevamente en el sillón y el médico no
encontró ningún defecto en los cristales.
Fue entonces cuando la
niña alzo la mano y dijo…y dijo...
El hombre se puso las manos en la cabeza y se quedo en silencio.
Esperemos un par de minutos. Si quieres te traigo
un vaso con agua y empezamos de nuevo.
Luego de unos minutos, tomo aire con fuerza y despues de un largo suspiro, volvió a empezar su relato.
Está bien, como ya le había dicho, doña Amalia entró al
consultorio con su nieta, la pequeña la llevaba de la mano. Se sentó
en la silla y el doctor comenzó a revisarla.
Dígame por favor las
letras que están la cuartilla, mire el punto verde, siga el punto
rojo.
La señora salió del consultorio con la fórmula para sus
lentes nuevos, sólo bastaba que fuera a la óptica y en un par de días
se los entregarían.
Una semana después, doña Amalia llamó al doctor, histérica, los
lentes no servían, se los había puesto y al salir al patio la
vista se le inundó de puntos negros que se movían por todas
partes .
El doctor le pidió que se calmara y volviera al consultorio
al día siguiente.
Se sentó la anciana nuevamente en el sillón y el médico no
encontró ningún defecto en los cristales.
Fue entonces cuando la
niña alzo la mano y dijo...dijo...
Se puso las manos en las mejillas y con la cara roja, miró al techo
con desesperación.
Cuando vió que aquel hombre estaba a punto de llorar, el doctor le dijo, tranquilo no
tienes porque recordarlo todo hoy.
El hombre se levantó con la mirada fija en el piso y lentamente salió de la habitación .
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