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Mostrando entradas de 2018

CONVERSA

Gracias compa, ya tengo las medicinas. Por cierto, los pañitos rosados están soñados. Jejejejejeje, he estado por preguntarte y se me olvida. ¿Llegó todo bien? Si. Todo bien. Lo que si te agradezco es que me devuelvas los trapitos rosados a la brevedad posible, aquí han dejado un gran vacío. Está complicado. Mi señora está muy apegada a los trapitos.   Coño, pero que abuso, esos trapos son parte de nuestra historia familiar. Haré lo posible, pero no te garantizo nada.   Olvídalo, esos son los trapos más feos del mundo. La historia de mandar esos remedios fue medio complicada, hasta cómica. Hay que escribirla entonces.   Fuimos a dos agencias de envíos y  nos rebotaron. Entonces nos reorganizamos, por cada desalojo, otra ocupación. Lo primero que hicimos fue cambiar al encargado de preguntar, lo que fue un paso estratégico para conseguir los resultados esperados. Así debe ser. Nunca desmayar en la lucha por los intereses de la clase trabaja...

Cuento Ajeno

Tocó la puerta de la casa. Esa fue la tarde en que nació Rosario y todos estábamos frente al cuarto de Mamá, esperando. Fue Papá quien le abrió y lo vio por primera vez. Con el sombrero calado hasta las orejas y Rosalía tomada de la mano. El negro Soto tendría unos 40 años y la niña 10. Cuando Papá le preguntó que quería, él le dijo que buscaba trabajo. ¿Que sabe hacer usted? Lo que usted pida, respondió el hombre mirándolo fijamente. Desde ese momento, ambos vivieron con nosotros. El negro reparaba todo lo que fuese necesario en la casa,  descargaba y ordenaba la mercancía y ayudaba a Papá en el negocio. Rosalía, fue el Aya de Rosario y con el paso de los años era una hermana más. A su lado volé mi primer papagayo y  trepé en todos las matas del patio. Cuando tuvimos edad para ir al liceo, nos mudamos a Valera. El Negro y Rosalía se quedaron en la casa vieja. Sólo regresé al pueblo dos veces desde entonces. La primera vez fue para ...

SHHHHHHH

Confieso con toda sinceridad que no existe para mi sensación más placentera que sumergirme en el silencio.  La imagen de un cuarto completamente vacío y con las puertas cerradas, me llena de paz.   Pero desde hace unas semanas, no ha sido posible para mí disfrutar de este privilegio. Cada vez que me dispongo a disfrutar de la dicha de estar solo y en silencio, algún impertinente aparece de la nada a interrumpirme. En esos casos procuro disimular mi indignación para no parecer maleducado y esbozar la más fingida de mis sonrisas para entablar conversación con el intruso. El último encuentro que recuerdo fue con una señora entrada en años que hablaba sin parar y mientras trataba de seguir su monólogo, no podía dejar de fijar mi vista en su cuello, en el que una enorme verruga subía y bajaba al ritmo de la vibración de sus cuerdas vocales. Aún siento escalofríos al contarlo. Lo cierto es que hace mucho tiempo que no lograba sumergirme en mi añorado silenci...

PERSEVERANCIA

Doña Amalia entró al consultorio de la mano de su nietecita. Se sentó en la silla y el doctor empezó a revisarla. Dígame por favor las letras que están en  la cuartilla, mire por favor el punto verde, siga por favor el punto rojo. La señora salió del consultorio con la fórmula para sus lentes nuevos, sólo bastaba que fuera a la óptica y en un par de días los tendría en sus manos. Una semana después, doña Amalia llamó al doctor. Estaba histérica, sus lentes no servían, había salido al patio y su vista se vio invadida por muchos puntos negros que se movían por todas partes y parecían querer abalanzarse sobre ella.  El doctor le pidió que respirara profundo y volviera al consultorio al siguiente día. Se sentó la anciana nuevamente en el sillón y el médico no encontró ningún defecto en los cristales.  Fue entonces cuando la niña alzo la mano y dijo…y dijo... El hombre se puso las manos en la cabeza y se quedo en silencio. Esperemos un par de minutos. S...

VILLA DEL YOCOIMA

(A Gabriel Lisboa) Hoy desperté con ganas de llorar, si me preguntas porque razón, sólo puedo responderte que tengo tantas y tan pocas razones para sentirme así que únicamente puedo decir, no sé. Lo que tienes es nostalgia, me dice Gabriel, esbozando una sonrisa que me hace rabiar de envidia. Que va compa, le respondo, la cosa no es tan sencilla. Ayer en la tarde me senté en los muros de aquel parquecito del pueblo, donde corría con los primos en la infancia. Tenía más de una hora observando los árboles, mientras escuchaba los carros que iban y venían por la avenida, cuando observé un gran caballo rucio. Era imponente aquel animal, trotando entre los árboles.  En ese momento sentí una mano sobre mi hombro y giré la cabeza para observar a Gabriel restregándome otra vez aquella sonrisa en la cara.  Vamos a agarrar aquel caballo compa, le dije.  ¿Cual caballo?  preguntó curioso. Aquel rucio que está entre los árboles, respondí ansioso.  Gabri...

25 AÑOS DESPUES

Cada vez que llegaban las vacaciones me sentía muy feliz, porque podía volver a La Porfía.  Pasaba todo el año esperando esos dias de sol, leche tibia recién ordeñada y  los abrazos de mi abuela. Me levantaba bien temprano y salía hacia el corral con la olla que luego traía llena de leche para el desayuno.  Apenas terminaba de comer, iba a los potreros para regresar al medio día tostado por el sol, bañado en sudor y contento.  El momento más esperado era la llegada de Emilio y Sara. Cada vez que escuchaba el ruido de algún carro por el camino, corría a asomarme al portón esperando que fuesen ellos. Luego que  bajaban del carro, comenzaban nuestras  aventuras. La que mejor recuerdo fue cuando construimos el muelle en la orilla de la laguna, para pescar y amarrar la balsa de Jaramillo. Desde que salíamos  de  casa iba contando cada minuto para llegar.  Luego de  pasar el puente sobre el río, faltaba poco para llegar a ...

TERAPIA

Tocó a mi puerta temprano en la mañana, pasó encorvado sin levantar mirada y se sentó en la primera silla que encontró en su camino. Esperé unos minutos, mientras él no quitaba la mirada del piso . Estoy triste con mayúsculas, sòlo quiero que escuches sin hacer preguntas. Habló durante horas, luego de innumerables tazas de café y a medida que pasaba el tiempo, su espalda se fue enderezando, su rostro se tornó menos gris e incluso sonrió un par de veces. Al final de la mañana se levantó, me dio un fuerte abrazo y se fue .

MUTATIS MUTANDIS

Hasta hace tres meses era plomero de oficio, el trabajo le daba para sobrevivir y como diría el mismo, sin hijos ni mujer con tranquilidad me alcanza para comer. Aquella tarde fue a revisar un calentador, con mala suerte y poca prevención, un tubo bastante maltrecho termina de reventarse y el chorro caliente no tiene mejor lugar donde caer que en los ojos del desventurado. Daño irreparable en la retina y quemaduras en el rostro es el diagnóstico. Duro cambio para la vida de cualquiera, inactividad e impotencia durante los primeros días, compensada por la ayuda y compañía de los pocos amigos. Una tarde toca un jarrón sobre la mesa y grita desesperado, ¡ven acá! ¿Q ué te pasa? ¿Tienes dolor? Dime si esto que toco es azul. Impresionado él le confirma, si viejo, es azul. Pasa la tarde entera tocando todo y describiéndolo, llorando de alegría.  Al día siguiente aparece el amigo con una caja de pintura, pinceles y varios lienzos, el plomero toma el pincel con c...