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Mostrando entradas de 2021

GILCEDES

                                 Asalto El sonido de un sólo repique del teléfono nos despertó a todos. De inmediato empezamos a romper los papeles que pudiesen comprometernos. El plan era quemarlos, pero en medio del apuro y los nervios terminamos lanzándolos por la ventana del baño. El vecino del piso de abajo comenzó a golpear el techo alertándonos de que ya estaban muy cerca. Mientras tanto seguíamos rompiendo y botando papeles frenéticamente. Tumbaron la puerta del apartamento y minutos después estábamos tendidos en el piso, mientras nos apuntaban con sus armas. ¡Somos estudiantes, esto es un atropello!, gritaba el Flaco mientras nos hacían bajar a empujones por las escaleras. Ella iba delante de mí, tan golpeada como el resto, porque ni siquiera respetaron su condición de mujer embarazada. Tres meses antes estábamos todos en la Textilera, ya la toma de la fábrica llevaba varias semanas y aunque al...

PACIENCIA

Las palabras salían tan atropelladamente de su boca que parecían tropezar unas con otras. Todos la miraban asombrados, no hacía pausas ni para tomar aire.  En pocos minutos, cualquier persona que estuviese cerca podría tener un completo resumen de su vida. Hace más de una hora hacia un recuento de sus innumerables desencuentros amorosos. Levantaba la voz y repetía cada cierto tiempo: - Por eso es que estoy mejor sola. Todos hacían la larga cola bajo el sol, resignados al calor y a la interminable cantaleta de la mujer. Si tienen un marido tienen que atenderlo, decía a viva voz, mientras sudaba sin parar.  Un hombre delgado de sombrero, cometió el error de pedirle que por favor se callara por lo menos unos minutos, sólo para que ella lo mirara con rabia y reanudara con más fuerza su discurso. La cola no avanzaba y el martilleo de la voz de la mujer parecía golpear mi frente sin parar. Comencé a pensar en irme para descansar, no tanto del  sol como del eco de cada palabra q...

KOONOPO

La fuerza del agua empujaba el carro mientras  él dudaba si quedarse dentro o salir y quedar merced del torrente  que a cada instante parecía crecer.  En medio de esa situación, se sorprendió recordando los días en que corría como un gato sobre los muros del patio con el flaco durante horas. Con un equilibrio envidiable, saltaba desde el tope del muro a la mata de Hicacos y de allí nuevamente a la pared.  Recordó la tarde en que la rama, en la que el flaco estaba  acostado boca arriba, se desprendió y lo vió caer varios metros hasta quedar acostado en el piso.  Aquella tarde, bajó de la mata riendo a carcajadas mientras el flaco lo insultaba sin entender que él no se burlaba, se reía atacado por los nervios, que  sólo le permitían reír mientras pensaba preocupado que el flaco se había quebrado la espalda.  Mientras estaba tendido en el suelo le gritaba molesto, ¡deja de reirte! ¡No me toques! .  Comenzó intentando mover los dedos de los pie...

ODOSHA

El viejo levanta los brazos con el fuego a sus espaldas. Todos lo observan en silencio.  Cada fogata es una máquina para viajar en el tiempo, dice mientras retumba su voz en la noche. Ciertamente, cuando miro fijamente las llamas, soy otra vez un niño emocionado que observa una pequeña bola de fuego que cae sobre los troncos y enciende una llama que para mí es inmensa.  Siento el calor en mi rostro y escucho sin pestañear las historias que cuenta el viejo (menos viejo que ahora). La historia de esa noche es particularmente aterradora.  A las tres de la mañana se pasea Odosha con los espíritus de la montaña, dice en voz muy baja mientras pienso en que seguramente nadie querrá estar despierto a esa hora. Aquella madrugada el flaco se levantó sonámbulo, buscando su cama sin percatarse que estaba a cientos de kilómetros de ella. Con mucha paciencia logré calmarlo y llevarlo de regreso a dormir.  Al terminar, decido sentarme a observar los restos de la...

ORUWA

 Son tres pares de piernas  caminando acompasados. Un hombre canoso con un bastón y dos jóvenes.  Conversan sin pausas y sus risas pueden escucharse a varios metros. El muchacho de cabello oscuro es quien habla  menos fuerte pero sus ojos café parecen gritar su alegría y se mantienen muy abiertos.  El sol de la tarde proyecta sus largas sombras que bailan en el suelo.   El joven de grandes ojos grises y cabello rizado gesticula y mueve sus brazos como molinos mientras cuenta una historia fantástica que desata nuevas carcajadas. Mientras el hombre del bastón los observa a ambos en silencio. Avanza la tarde y la luz es cada vez más tenue.  Los tres siguen caminando hasta llegar a un gran tronco tirado en el piso donde se sientan a descansar. Con los últimas luces del día me percato que sólo dos personas se levantan y el hombre del bastón desanda el camino junto al joven de ojos grises, con la alegría convertida en nostalgia.

REGRESO

¿Cuantas veces se ha escrito sobre el regreso? Quizás miles, pero esta vez es y será única, simplemente porque es nuestra. Confieso que regreso a ti, cargado de terribles recuerdos. P ero cuando intenta asaltarme la trizteza (si, con dos zetas), esa que sólo puede ser tuya y mía. En ese momento recuerdo que también me senti feliz por ti y para ti. Entonces decido apartar ese sentimiento y hurgar en mi hasta encontrar  una sonrisa, evocando  aquellas mariposas anaranjadas volando sobre nosotros.  De la misma forma que  pasó la primera vez que me despedí de ti,   con aquella pequeña caja blanca en mis brazos .