¿Recuerdas
aquel cuadro de la mujer mirando por la ventana? Con los codos apoyados en el
marco de madera y las cortinas extrañamente inmóviles a pesar de estar la
ventana abierta.
Un
pie está completamente apoyado en el suelo y el otro juega con la punta de
los dedos sobre el piso de madera.
Pero
sobre todo aquella mirada perdida en el paisaje marino, junto a una sonrisa que
el pintor no dibujó, pero tú y yo adivinamos apenas al mirar el lienzo.
No
te lo dije en esa ocasión, pero jamás entendí como Salvador pudo dibujarte
tal como siempre te recuerdo. Sumergida en esa calma tan frágil, sonriendo con
la mirada repleta de aquel paisaje inmóvil.
Bello!!! Mi hijo querido.
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