Ir al contenido principal

CONVERSA

Gracias compa, ya tengo las medicinas. Por cierto, los pañitos rosados están soñados.

Jejejejejeje, he estado por preguntarte y se me olvida. ¿Llegó todo bien?

Si. Todo bien.

Lo que si te agradezco es que me devuelvas los trapitos rosados a la brevedad posible, aquí han dejado un gran vacío.

Está complicado. Mi señora está muy apegada a los trapitos.
 
Coño, pero que abuso, esos trapos son parte de nuestra historia familiar.

Haré lo posible, pero no te garantizo nada.
 

Olvídalo, esos son los trapos más feos del mundo. La historia de mandar esos remedios fue medio complicada, hasta cómica.

Hay que escribirla entonces.
 
Fuimos a dos agencias de envíos y  nos rebotaron. Entonces nos reorganizamos, por cada desalojo, otra ocupación. Lo primero que hicimos fue cambiar al encargado de preguntar, lo que fue un paso estratégico para conseguir los resultados esperados.

Así debe ser. Nunca desmayar en la lucha por los intereses de la clase trabajadora.
 
En segundo lugar, mentimos acerca de la naturaleza de los productos a enviar. Pues entendimos que diciendo la verdad no llegábamos muy lejos.

Una máxima del pana Maquiavelo.
 
Exacto, tuvimos que aplicar a varios pensadores clásicos en esta misión. Una vez autorizados a enviar la mercancía, procedimos a ubicar un recipiente adecuado y para conseguir el recipiente se nos ocurrió ir a una librería. 


A mi me pasa a menudo.


Pero la dependienta no era muy positiva que se diga, según ella, no tenía nada que nos sirviera.


Típico de 
Nietzche,  o quizás... más Schopenhauer.


Si, pero en un contexto Hobbesiano, dentro de la idea del Leviatán. Entonces un buen cliente de la librería nos dijo que buscáramos en la ferretería, que ahí vendían bolsas con peloticas de aire para embalar cosas y procedimos a seguir esa recomendación, pero el dependiente de la ferretería no tenía una actitud distinta a la de la señora de la librería. Además de no tener el producto solicitado.

El hombre, lobo del hombre. Me da curiosidad, pero aun no entiendo como todo terminó en los paños rosados. Por cierto, ese suspenso es muy Hemingway.
 
Ya verás, déjame continuar. Un poco frustrado, le dije al señor dependiente de la ferretería que algo debía haber que me pudiera vender, así fue como logré que el hombre me regalara una caja.

Al fin algo de Marx, un poco de solidaridad de clase.


Procedí a volver donde la dependienta Nietzchiana-Hobbesiana y le dijimos que ahora teníamos una caja, pero la cosa no le resultó muy transcendente y ahí fue cuando brilló delante de nosotros ese hermoso terciopelo rosa, sólo comparable a los bellos poemas épicos y a las sonatas del barroco. Y dijimos a coro: "Mariiiiicooo estos son".


Eso es más postmoderno.


Al final, concluimos lo que Levi-Strauss, "lo esencial está más allá de lo evidente".


¿Ese es el compa de los blue jeans?


Ese mismo, de esa manera tuvimos nuestros final estructuralista-postmoderno y así fue como te pudimos enviar los remedios.


Muy bien hermano, realmente muy bueno. Sólo tenemos que incluir algunas citas en francés y parece un capítulo de la Rayuela.


 Excelente.

Comentarios

  1. Para mi hermano Marcos...con quien disfruto las mejores conversas que puedan existir....

    ResponderEliminar
  2. Ja, ja. Buena esta conversa, dialogo con barniz politico-filosofico, por algo tan real y cotidiana como lo pueden ser dos pañitos rosados con "intrínseca capacidad de apego". Yo en mi vida de estudiante de secundaria conocí a una profesora de Artística que fue monja casada con un profesor de Matemática que fue cura. Siempre me preguntaba ¿de qué hablaran esos carajos? en la cotidianidad, ni se diga en la intimidad".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Juan Ramón, por leer mis relatos. Je, je , realmente debe ser bien interesante una conversación de esos profesores tuyos..

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

SIMAL

  “Sólo el amor engendra la maravilla” Antes de separarse de ella, le quita los zarcillos. Siente un ligero temblor en la mano izquierda, mientras observa los aretes de nácar antes de dejarlos dentro del bolsillo de su pantalón. Camina una y otra vez de un extremo al otro del pasillo, hasta que el dolor en la rodilla lo hace empezar a cojear. Una hora antes, ambos entraron en el quirófano y hasta ese momento nadie había salido a informarle nada. En su camino interminable, pasa una y otra vez por la entrada de una pequeña capilla, pero se limita a observar de reojo la cruz pegada a la pared. Hace tantos años que ha renunciado a toda idea religiosa, lo que irónicamente le permite estar más calmado. Cuando el dolor en la rodilla se hace más fuerte, se sienta en una vieja silla metálica.   En ese momento, cae en cuenta de que lleva dos días sin cambiarse de ropa. Unos minutos después, observa la figura de un hombre que se acerca, preguntando por algún familiar de E...

ORUWA

 Son tres pares de piernas  caminando acompasados. Un hombre canoso con un bastón y dos jóvenes.  Conversan sin pausas y sus risas pueden escucharse a varios metros. El muchacho de cabello oscuro es quien habla  menos fuerte pero sus ojos café parecen gritar su alegría y se mantienen muy abiertos.  El sol de la tarde proyecta sus largas sombras que bailan en el suelo.   El joven de grandes ojos grises y cabello rizado gesticula y mueve sus brazos como molinos mientras cuenta una historia fantástica que desata nuevas carcajadas. Mientras el hombre del bastón los observa a ambos en silencio. Avanza la tarde y la luz es cada vez más tenue.  Los tres siguen caminando hasta llegar a un gran tronco tirado en el piso donde se sientan a descansar. Con los últimas luces del día me percato que sólo dos personas se levantan y el hombre del bastón desanda el camino junto al joven de ojos grises, con la alegría convertida en nostalgia.

El piriteño

Corre el niño hacia el anciano, cuando ve que está despierto. Se sienta a su lado en el chinchorro, luego sobre sus piernas y le pregunta por lo que soñó. El viejo sonríe e inmediatamente sale de sus labios una aventura maravillosa; la más hermosa que haya escuchado el nieto. Jamás repite una historia y la siguiente siempre supera a la anterior. En el momento que el pequeño ríe a carcajadas,  el ruido del viento en la ventana me despierta.