Las crónicas
de Indias han sido presentadas
oficialmente,
como la fuente
idónea para
conocer las características y el desarrollo histórico de la
invasión y conquista de América. De
igual forma se cubre de elogios a los abnegados relatores que se
esforzaron en describir las características geográficas y
culturales del llamado “Nuevo Mundo”; pero considero que es
pertinente preguntarse, ¿Para
quien escribieron
y en nombre de quien escribieron
todos estos cronistas?
¿A quién va dirigida su obra? En mi opinión, la respuesta a esta
pregunta es la clave central para comprender en su más concreta
realidad, el momento histórico que se refleja en las obras de los
múltiples narradores del violento choque que se inicia con la
llegada del primer barco del Reino Español a las costas americanas
hasta el sometimiento a sangre y fuego de las civilizaciones que ya
existían en el nobel continente. Estos relatos fueron escritos
para
los vencedores de esta contienda, para los
españoles y los
blancos
criollos.
Pero esta pregunta, lleva a otras mucho más interesantes. ¿Que
pasa con la versión del vencido? ¿Existe
entre
las crónicas la versión
de los
pueblos originarios, sometidos por la barbarie europea?
En las próximas líneas, intentaré esbozar las posturas asumidas
por algunos de estos narradores, a lo largo de la historia.
Puede iniciarse este análisis,
con el “Diario de a bordo” escrito por Cristóbal Colón, en
el que describe las impresiones personales de sus viajes,
detallando los paisajes, la naturaleza, así como las culturas
originarias con las que se encuentra el desorientado almirante
genovés. Pero Colón no utilizó elementos propios ni originales
para contar su historia y considero más acertado utilizar,
prácticamente al calco, las descripciones que en su momento hizo
Marco Polo en sus obra “El Libro de las maravillas” (1485).
Destaca también el interés expreso de reducir a la barbarie,
despojando por completo de discurso propio a los pueblos que
habitaban las tierras invadidas, con el firme objeto de justificar
plenamente su sometimiento por los representantes de la
“civilización”.
Por su parte Américo Vespucio,
navegante italiano al servicio de España. Relató en varias
cartas, sus viajes a América realizados 1499 y 1502. En 1501,
teniendo como destino a Brasil para luego bordear la costa con
dirección sur, hasta la Patagonia Argentina. Es a Vespucio a quien
se le atribuye
la comprobación de
que las tierras hoy llamadas americanas eran un nuevo continente y no
la prolongación del continente asiático, como lo narra en su carta
titulada, “Mundus Novus” (1502) dirigida a
Lorenzo di de Medici.
La publicación de estas motivó al cosmógrafo alemán Martin
Waldseemüller a nombrar al nuevo continente América en su mapa
mundial de 1507.
Algunos
historiadores, ponen en duda la autoría de algunas de las cartas
atribuidas a Vespucio, sin embargo más allá del autor o fidelidad
de los hechos narrados en estos documentos, el discurso utilizado no
presenta diferencias con el utilizado por Colón. En fin de cuentas
es la historia, contada desde la posición del conquistador.
En el caso particular de Fray
Bartolomé de las Casas, dominico sevillano, existe una voz
disonante con el discurso oficial establecido respecto a la conquista
del continente americano. En el texto “Memorial de Fray Bartolomé
de Las Casas al Consejo de Indias (1562-1563) donde se
describe una rogativa dirigida
al Consejo de Indias, en la que solicita corregir los excesos y
abusos cometidos por los conquistadores españoles contra los pueblos
originarios americanos. El Consejo de Indias era el organismo de la
Monarquía Española encargado de gestionar todos los asuntos
americanos desde 1523. El tema principal de este documento, es la
defensa de los indígenas americanos por parte de Fray Bartolomé de
las Casas y la solicitud de protección hacia estos.
Durante el siglo XVI, los
frailes dominicos asumieron posiciones a favor de la defensa de los
indígenas. Los escritos de Antonio de Montesinos, quien fue
participe de las medidas del buen trato al indio, tuvieron marcada
influencia en el pensamiento de De las Casas.
La posición asumida por Fray
Bartolomé, está claramente expresada en las siguientes líneas de
su autoría: “ha muchos años que ando en esta real corte y ante
este Real Consejo de las Indias, negociando y procurando el remedio
de las gentes y naturales de las que llamamos Indias, y que cesen los
estragos y matanzas que en ellos se hacen contra toda razón y
justicia”.
Los juristas y teólogos de la
época, fueron consultados sobre lo que fue llamado “la cuestión
del trato dispensado a los indios en América por los españoles”.
Entre los consultados, se cuenta el padre Francisco Vitoria, jurista
de la Escuela de Salamanca, que fue considerado uno de los
precursores del Derecho Internacional. Vitoria argumentó que los
indios eran los verdaderos dueños de las tierras que ocupaban y que
por consiguiente, no era admisible moralmente la explotación de
estos individuos por parte de los discípulos de España. Esta
doctrina es asumida por De las Casas, cuando define a la conquista
como una forma de tiranía.
Es de esperarse que estas tesis
generaran gran revuelo en la intelectualidad del siglo XVI. Hasta el
punto que Carlos I prohibió a los dominicos la predica y/o
discusión de dichas ideas.
Sin embargo es importante
resaltar que en su argumentación, Bartolomé de Las Casas exculpa a
los reyes de la explotación de los indígenas, con la afirmación de
que éstos habían promulgado leyes dirigidas a proteger a los
indios, considerándolos súbditos de la corona española.
Específicamente dice: “la voluntad de los reyes ha sido proveerlos
de Justicia y conservarlos en ella, y no consentir que les fuesen
hechos daños y agravios y así lo han mostrado por sus muchas
leyes”.
En el marco legal del Derecho
Indiano se contaban: las Leyes de Burgos (1512) y las Leyes Nuevas
(1542), que establecen normas para el trato a los indígenas. Queda
claro para la historia, que estas leyes no fueron acatadas por los
españoles que hacían vida en la América dominada por España. Con
referencia a esto, De las Casas escribió: “pero llegadas allí no
se han cumplido, porque los unos y los otros siempre han engañado a
los reyes”. Esta posición denota que, a pesar de asumir la
defensa del buen trato a los indígenas, Fray Bartolomé mantuvo
posturas que intentaban elevar su voz inconforme sin enfrentarse
realmente al poder establecido.
En el mismo orden de ideas,
aunque no se debe restar valor al legado de Bartolomé Las Casas en
la defensa de los indios americanos, tampoco conviene sobrevalorarlo,
pues es importante destacar que entre sus propuestas se incluía la
alternativa de sustituir el trabajo forzoso de los indios por el
empleo de esclavos negros. Si a de Las Casas le parecía inmoral la
explotación indígena, no tenía complejos morales en proponer la
esclavitud para la población negra.
Luego de revisar las ideas desarrolladas por algunos cronistas de
Indias, es pertinente recalcar que la historia de la conquista de
América por España, no es la excepción a la regla y fue escrita
(como todos los casos hasta nuestros días) por los vencedores de
estas contiendas, en defensa de sus intereses particulares.
En los casos en que se pretendió elevar alguna voz en contra de
las prácticas, estas fueron oportunamente silenciadas u obligadas a
mantener posturas que no representaran un peligro real para los
poderes constituidos y la clase que lo ostenta.
Continúa siendo una tarea pendiente mostrar al mundo las crónicas
que narren la versión de quienes padecieron directamente la invasión
y despojo de sus tierras y pertenencias. En mi opinión, son estos
los más genuinos cronistas de Indias.
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